bananaverso
Ruido blanco, Del Viento Films y Sillón Estudios se unen para contar la historia del símbolo de nuestros tiempos.
¿Qué tienen que ver Bad Bunny, García Márquez, un juicio en Miami, unas selvas tupidas, el arte conceptual, una violencia salvaje, unas fiebres desquiciadas, más de una masacre histórica, unos barcos, viajes, travesías y hasta la génesis de la biblia con…el banano?
Pues esa es la pregunta de Banaverso, o al menos la idea. Un podcast poco convencional, un poco extraño, demasiado insólito y por momentos increíble, como la historia de nuestra región.
A través de seis capítulos, junto con expertos, actores, lectores, científicos, políticos y periodistas, trataremos de construir una posible historia sobre nada más y nada menos que el banano. El banano como fruta prohibida, como símbolo de imperialismo, de saqueo, de colonización, de arte, de identidad, de reivindicación. Un banano y un juicio. Un banano y una subasta artística. Un banano y un continente entero.
Bananaverso, un podcast bananero sobre política, arte, historia, religión y colonialismo.
Cuando empezamos a investigar y trabajar sobre este podcast, el mundo era otro. Me permito el drama porque por primera vez mis hipérboles me resultan apropiadas: trabajamos en esto durante los últimos dos años, y las respuestas que fuimos descubriendo a las preguntas de siempre, han quedado obsoletas en los últimos meses.
Ante ese desconcierto, volver a las preguntas que nos motivaron a hacer Bananaverso se vuelve más imprescindible. ¿Qué es, entonces, ser Latinoamericanos? ¿Qué significa esta tierra de la que somos? ¿Quién la quiere? ¿Cómo contamos nuestra historia reciente? ¿Cómo sino a través de nuestras resistencias es que podemos contarnos a nosotros mismos? ¿Contra quién y ante qué resistimos?
Durante nuestras primeras charlas armando este proyecto, nos unían el desconcierto y la esperanza. Las víctimas acababan de ganar un juicio inédito en su historia contra una multinacional de esas que nunca pierden. Un país, un puñado de tierra asolado por la violencia, acababa de triunfar ante un imperio impune representado por chiquita brands. Nos preguntábamos por esa fruta que unifica a nuestra región, por ese símbolo dulce que está en las serigrafías de Warhol y en el disco de Bad Bunny. Pensábamos, cuando empezamos este proyecto, que esa clase de triunfos iban a darse más seguido, que el juicio de chiquita abría una conversación ahora ineludible en el mundo: los países Latinoamericanos, aquello que ahora llamamos “el sur global” pero que siempre ha sido conocido como “el tercer mundo”, nosotros, los de abajo, los que somos pintados como salvajes, como bárbaros, como la peligrosa y violenta otredad, podemos empezar a discutir que, aunque hemos puesto los muertos, las guerras y la tierra, todo ha sido parte de un saqueo planificado, de un vil plan para quitarnos lo nuestro. Entonces, que esa multinacional hubiera admitido su culpa y por primera vez en la historia estuviera reparando a las víctimas inocentes que habían sido afectadas muchos miles de kilómetros lejos de sus oficinas gringas y polarizadas, daba en el clavo en una vieja herida Latinoamericana.
Ese hecho, tan político como atípico, quería decir que todas las acusaciones que se han hecho desde los países del norte hacia nuestra región, no han sido sino eufemismos para ocultar que esas pavorosas guerras del último tiempo, han sido financiadas, promovidas y fomentadas por los mismos que dicen espantarse por nuestra barbarie. Haber probado que los altos ejecutivos de una multinacional de esas dimensiones habían tenido conocimiento y habían participado activamente de un conflicto que ocurría a miles de kilómetros era una evidencia más de algo que intuimos, sentimos y vemos en la región hace tiempo. Y que un juez gringo lo dijera, nos daba esperanza para empezar a decirlo nosotros.
En eso estábamos cuando empezamos este trabajo.